El análisis del microbioma que revela que la diversidad bacteriana y la dieta son claves para combatir la inflamación crónica y el deterioro cognitivo.
Por Luis Casas
El intestino humano alberga un universo microscópico de una complejidad asombrosa, un ecosistema de bacterias, virus y hongos que trasciende su función digestiva primaria. La evidencia científica más reciente sugiere que este "segundo cerebro" desempeña un papel determinante en cómo enfrentamos el paso del tiempo: un microbioma diverso y equilibrado podría ser la barrera necesaria para mitigar la inflamación crónica y facilitar un envejecimiento saludable.
En una era donde el bienestar intestinal se ha convertido en un fenómeno comercial, con redes sociales inundadas de recomendaciones de probióticos y alimentos enriquecidos, surge una pregunta fundamental: ¿qué hay de verdad científica detrás de la promesa de la eterna juventud microbiana? Para desentrañar este misterio, expertos de renombre internacional han puesto la mirada tanto en casos clínicos contemporáneos como en los extremos de la longevidad humana.
María Branyas Morera: Más allá de la genética
Pocos ejemplos son tan ilustrativos como el de María Branyas Morera. La supercentenaria española, que ostentó el título de persona viva más longeva del mundo hasta su fallecimiento en agosto de 2024 a los 117 años, sobrevivió a guerras mundiales y pandemias globales conservando una lucidez envidiable. En 2025, un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona, liderado por el Dr. Manel Esteller, realizó un análisis exhaustivo de sus muestras biológicas —heces, sangre, saliva y orina— y las comparó con las de 75 mujeres españolas de la misma generación.
Los resultados, publicados posteriormente, desvelaron un perfil biológico excepcional. El microbioma de Branyas mostraba una diversidad bacteriana propia de alguien décadas más joven, con características que recordaban a la flora infantil. Su sistema digestivo albergaba una abundancia de bacterias beneficiosas, similares a las presentes en los yogures —un alimento que ella consumía con regularidad tres veces al día—. Estas comunidades microscópicas estaban vinculadas a niveles reducidos de inflamación, un factor crítico que acelera el deterioro celular.
El Dr. Esteller concluye que, aunque Branyas "ganó la lotería genética" al poseer variantes que la protegían contra el cáncer y el Alzheimer, su estilo de vida fue el catalizador de esa longevidad. "Hasta en la misma ciudad, entre quienes pueden permitírselo, los que comen bien duran más", señala el experto, subrayando la importancia de una dieta mediterránea rica en aceite de oliva y la práctica de ejercicio diario, como sus caminatas de una hora.
El jardín de la longevidad
Este fenómeno no es un aislado. Un estudio publicado en 2022 en la revista Nature examinó a 18 centenarios en el condado de Jiaoling (China), observando que su diversidad bacteriana era comparable a la de adultos jóvenes. Esta riqueza microbiana se asoció directamente con una menor fragilidad física y una vida más prolongada.
La Dra. Mary Ni Lochlainn, especialista en geriatría del King's College de Londres, utiliza una metáfora evocadora para explicarlo: "Imagina un jardín seco y sin gracia; eso es baja diversidad. Lo que quieres es uno vibrante, con flores de todos los colores y semillas por doquier". Según la experta, figuras como Branyas son excepcionales no solo por sus genes, sino por su capacidad para mantener ese "jardín interno" en equilibrio a lo largo de los siglos.
La ciencia detrás de este fenómeno reside en la capacidad del microbioma para combatir el "inflamaging" o inflamación asociada a la edad. Las bacterias beneficiosas producen ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, que actúan como potentes antiinflamatorios y antioxidantes. Experimentos con ratones en 2020 en EE. UU. demostraron la causalidad de este vínculo: el trasplante de microbiota de ratones viejos a jóvenes provocó en estos últimos un envejecimiento prematuro, con problemas de memoria y ánimo, sugiriendo que la salud intestinal modula el ritmo del reloj biológico.
El microbioma de un adulto contemporáneo
Para entender cómo estos hallazgos se aplican al ciudadano medio, Hugh Pym, se sometió a un chequeo exhaustivo en el Hospital St Mary's de Londres bajo la supervisión del Dr. James Kinross, profesor del Imperial College. Con más de 60 años y recién estrenado su rol de abuelo, Pym buscaba respuestas sobre su futuro biológico.
El diagnóstico ofreció una realidad matizada: su diversidad bacteriana era "aceptable", pero mostraba signos de degradación típicos de alguien cinco años mayor, basándose en modelos comparativos italianos. Además, se detectó la presencia de intrusos patógenos como E. coli y C. difficile, posiblemente residuos de tratamientos antibióticos pasados. Kinross advierte que el microbioma es una pieza fundamental del rompecabezas del envejecimiento —pudiendo representar hasta un tercio del éxito del mismo—, pero advierte contra los milagros comerciales: "No todos los probióticos funcionan, y algunos son solo un truco comercial", insiste la Dra. Ni Lochlainn.
La dieta como herramienta terapéutica
La buena noticia es que el microbioma es maleable. Instituciones como los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. y la Universidad de Harvard coinciden en que la dieta es el factor más potente para modelar este ecosistema. Una alimentación rica en fibra —frutas, verduras de hoja verde, legumbres, nueces y granos enteros— alimenta a las bacterias productoras de butirato, reduciendo el riesgo de enfermedades en la tercera edad.
La rutina de María Branyas se alinea con estos principios: aceite de oliva (rico en polifenoles), pescado azul (omega-3) y alimentos fermentados. Por el contrario, el consumo excesivo de azúcares refinados, ultraprocesados y sal erosiona la diversidad bacteriana y acelera el declive físico, según advierten entidades como la Clínica Mayo.
Basándose en la asesoría de la nutricionista Raquel Britzke, expertos recomiendan ajustes concretos para el día a día:
- Desayuno: Mezcla de semillas de lino y chía con kéfir, arándanos y kiwi.
- Almuerzo: Ensalada verde con frijoles, brócoli, espárragos y pollo a la plancha.
- Cena: Salmón con espárragos y arroz integral.
- Suplementos: Bebidas fermentadas como el kombucha o jugos verdes (menta, manzana, kale) pueden ayudar, aunque el uso de suplementos específicos (como Bifidobacterium longum, omega-3 o vitamina D3) debe hacerse siempre bajo supervisión médica.
"El mecanismo para envejecer bien ya está en nosotros; solo hace falta afinarlo", sentencia el Dr. Kinross. Aunque el paso del tiempo es inevitable, la evidencia sugiere que cuidar nuestro "jardín interno" podría ser la inversión más rentable para garantizar que nuestros años adicionales se vivan con plenitud y energía. Como demostró María Branyas, la clave de una vejez digna puede residir, en gran medida, en lo que decidimos poner en nuestro plato cada día.
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