Parmalat: El imperio de la leche construido sobre una mentira

De la gloria en Parma al fraude de 14.000 millones: cómo Calisto Tanzi engañó al mundo con leche falsa y bonos tóxicos

Por Luis Casas
Especial para Vida Sana (edición en español)

A finales de los años noventa, Parmalat era el orgullo de la industria italiana: un coloso lácteo con más de 150 fábricas en cinco continentes, presencia en 30 países y una facturación anual superior a los 7.000 millones de euros. Sus envases azules de leche larga vida se encontraban en millones de hogares y simbolizaban innovación, modernidad y confianza.

Pero bajo esa superficie de éxito y expansión global se escondía una gigantesca estafa. Lo que parecía una empresa sólida y rentable era, en realidad, un edificio de papel sostenido por balances falsificados, sociedades offshore y deudas ocultas. Cuando la verdad salió a la luz en diciembre de 2003, Parmalat se derrumbó en uno de los fraudes corporativos más descomunales de la historia moderna.


De Parma al mundo

La historia comenzó en la pequeña localidad de Collecchio, en la región de Parma. Allí, un joven emprendedor llamado Calisto Tanzi heredó el negocio familiar de embutidos y decidió reinventarlo. En 1963 fundó Parmalat y apostó por la leche ultrapasteurizada en envases Tetra Pak, una novedad traída de Suecia que revolucionó el mercado.

El éxito fue inmediato. En los años setenta, Tanzi se convirtió en un pionero del marketing deportivo: patrocinó el Mundial de esquí de Val Gardena, firmó con Niki Lauda en la Fórmula 1 y estampó su logo en el equipo Brabham, convirtiendo a Parmalat en una marca global.

En los años ochenta, el grupo ya era un emblema nacional. Compró decenas de empresas lácteas, diversificó hacia la televisión con Odeon TV y al turismo con Parmatur, administrada por su hija Francesca. Cuando Parmalat salió a cotizar en la Bolsa de Milán en 1990, los inversores se agolparon para participar en su expansión.

En una década, gastó más de 5.000 millones de dólares en adquisiciones alrededor del mundo: Brasil, Argentina, Estados Unidos, Canadá, China. En el terreno deportivo, Tanzi compró el Parma Calcio, que bajo su dirección ganó ocho títulos —incluidas dos Copas UEFA— con figuras como Hernán Crespo, Verón y Buffon.


La ilusión perfecta

Para finales de los noventa, Parmalat era la niña mimada del sistema financiero europeo. Los bancos competían por emitir su deuda y las consultoras alababan su solidez. Los balances mostraban ganancias, reservas de efectivo y crecimiento constante.

Todo era falso. Desde comienzos de los noventa, la empresa había montado una red de filiales en paraísos fiscales —entre ellas la célebre Bonlat Financing Corporation, registrada en las Islas Caimán— que servían para inflar ingresos y esconder pasivos.

Parmalat inventaba ventas —como una ficticia exportación de leche en polvo a Cuba—, duplicaba facturas y usaba esos datos para justificar nuevos préstamos. Las deudas reales se trasladaban a subsidiarias “fantasma” para que no aparecieran en el balance principal. En 2003, la compañía llegó a presentar un documento, supuestamente emitido por Bank of America, que certificaba una cuenta con 3.950 millones de euros en efectivo. El papel resultó ser una falsificación burda hecha con liquid paper, una fotocopiadora y papel membretado robado.

Durante años, los auditores avalaron las cifras. Grant Thornton auditó los libros hasta 1999, cuando la reemplazó Deloitte & Touche. Sin embargo, Grant Thornton continuó verificando a Bonlat, lo que permitió mantener viva la ficción.


El derrumbe

En 2002, analistas del banco Merrill Lynch emitieron un informe que recomendaba vender las acciones de Parmalat: algo no cuadraba. Si la empresa tenía tanto dinero líquido, ¿por qué seguía endeudándose? En diciembre de 2003, Parmalat incumplió el pago de un bono por 150 millones de euros. Dos días después, admitió que la cuenta en las Islas Caimán no existía.

La caída fue inmediata. La deuda real ascendía a 14.000 millones de euros, ocho veces más de lo declarado. Más de 160.000 inversores se quedaron con bonos sin valor. Los bancos —entre ellos Deutsche Bank y Bank of America— habían ganado millones en comisiones por operaciones basadas en cifras falsas.

Dentro de la empresa, el caos fue total. Se ordenó destruir documentos y computadoras. Algunos ejecutivos decidieron colaborar con la justicia. Uno de ellos, el contador Alessandro Bassi, reunió pruebas en su automóvil y luego se suicidó arrojándose desde un puente.

El 27 de diciembre de 2003, Calisto Tanzi fue arrestado cuando se preparaba para huir a las Islas Galápagos. Declaró desconocer el fraude, aunque admitió haber desviado más de 500 millones de euros de la empresa para gastos personales: cuadros de Picasso y Van Gogh, mansiones y una vida de lujo.


El rescate y las secuelas

El gobierno de Silvio Berlusconi reaccionó con rapidez para evitar un colapso financiero. Designó como interventor a Enrico Bondi, experto en reestructuración de empresas. Su auditoría reveló el desastre: Parmalat había perdido dinero en 12 de los 13 años anteriores y solo se había sostenido gracias a una ingeniería contable fraudulenta.

En 2005, tras vender activos y refinanciar deudas, la empresa volvió a cotizar en bolsa. En Argentina, su filial fue vendida por un simbólico 1 euro. Bondi presentó demandas contra bancos y auditores, logrando recuperar más de 2.000 millones de euros en acuerdos extrajudiciales, aunque ninguna institución fue condenada.


El fin del clan Tanzi

Las investigaciones también alcanzaron al club Parma Calcio, donde se comprobó el desvío de más de 10 millones de euros mediante contratos falsos y transferencias infladas de jugadores. Once futbolistas, entre ellos Crespo y Verón, fueron investigados pero finalmente absueltos. Los hijos de Tanzi, Francesca y Stefano, recibieron penas de tres y cuatro años de prisión respectivamente.

En 2014, la Corte Suprema italiana confirmó las condenas: Calisto Tanzi fue sentenciado a 17 años de cárcel por bancarrota fraudulenta y asociación ilícita, además de otras por manipulación bursátil. Su director financiero, Fausto Tonna, recibió nueve años.

Tanzi pasó sus últimos años bajo arresto domiciliario en una villa familiar en Parma debido a problemas de salud. Murió el 1 de enero de 2022, a los 83 años.


Después del escándalo

Parmalat sobrevivió, pero nunca volvió a ser la misma. En 2011 fue adquirida por el grupo francés Lactalis, hoy el mayor productor lácteo del mundo. La marca continúa activa, aunque muy lejos de su época dorada.

El club Parma quebró nuevamente en 2015, fue refundado como Parma Calcio 1913 y logró regresar a la Serie A bajo la propiedad del grupo estadounidense Kraus.

El caso Parmalat marcó un antes y un después en la historia empresarial italiana. Reveló la fragilidad de los mecanismos de control, la complacencia de las auditoras y la ceguera de un sistema financiero seducido por la rentabilidad inmediata.


El legado de una mentira

En 2018, en una entrevista con La Repubblica, Tanzi declaró que ya no le importaba Parmalat y que vivía como “un jubilado tranquilo”. Pero su nombre sigue siendo sinónimo de fraude.

El escándalo Parmalat fue más que un colapso financiero: fue una lección global sobre la corrupción corporativa, la impunidad institucional y los peligros de la codicia. Dos décadas después, su historia continúa siendo una advertencia: en el capitalismo, la transparencia no es un lujo, sino una necesidad vital.


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