Barbacid, la triple terapia de páncreas y la financiación PÚBLICA insuficiente

La triple terapia elimina tumores de páncreas en ratones… y el muro de los 30 millones que podría enterrarla

Tumores que ocupaban el 30% del páncreas desaparecieron por completo en ratones y no reaparecieron en 200 días. Pero para llegar a humanos se necesitan 30 millones de euros que España no tiene. La paradoja de una ciencia de élite con financiación de subsistencia.

Por VIDA SANA | EEUU | 10 de febrero de 2026

EEUU — El laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en Madrid, algo considerado imposible ocurrió en silencio: tumores de páncreas —esos monstruos que devoran vidas en cuestión de meses— desaparecieron por completo en ratones. No menguaron. No se estabilizaron. Se esfumaron. Y, lo más extraordinario, no volvieron a aparecer en más de 200 días de observación, un período equivalente a varios años en la vida humana.

Detrás de este logro está Mariano Barbacid, bioquímico español de 76 años cuya carrera ha sido una lucha constante contra los dogmas de la oncología. En 1982, él fue quien aisló el primer oncogén humano, demostrando que el cáncer tiene raíces genéticas. Ahora, cuatro décadas después, su equipo ha logrado lo que la medicina consideraba una quimera: atacar simultáneamente por tres frentes el adenocarcinoma ductal de páncreas, el tipo más común y letal de este tumor, logrando su erradicación completa en modelos animales sin los devastadores efectos secundarios de las quimioterapias convencionales.

Pero aquí surge la paradoja más dolorosa de la ciencia española contemporánea: mientras los ratones del CNIO viven libres de cáncer, el propio Barbacid recorre salas de prensa pidiendo dinero. No para lujo ni para expansión, sino para evitar que este avance —publicado en la prestigiosa revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences)— se convierta en otro hallazgo brillante que nunca llega a los pacientes. Porque para pasar de los ratones a los humanos se necesitan 30 millones de euros. Y en España, como denuncia el propio científico, "se invierte, sobre todo, en ladrillo".

El enemigo que nadie podía tocar: la proteína KRAS y su reinado de terror

Para entender por qué este hallazgo es histórico, hay que conocer al villano: la proteína KRAS. Es un interruptor molecular que, en condiciones normales, regula el crecimiento celular. Pero cuando sufre una mutación —algo que ocurre en más del 90% de los cánceres de páncreas—, se queda permanentemente "encendido", ordenando a las células que se dividan sin control. Durante décadas, KRAS fue considerada "intratable" (undruggable en inglés): su superficie lisa y sin grietas hacía imposible diseñar un fármaco que se adhiriera a ella y la bloqueara.

Los intentos fallidos se acumularon. Mientras otras proteínas oncológicas caían ante fármacos específicos, KRAS resistía. Hasta que Barbacid y su equipo, liderados por la investigadora Carmen Guerra, cambiaron de estrategia: en lugar de intentar apagar el interruptor directamente, decidieron cortarle el suministro eléctrico desde tres direcciones distintas.

Triple terapia CNIO vs quimioterapia convencional en cáncer de páncreas

Parámetro Triple terapia CNIO
(inhibidores KRAS/MAPK/PI3K)
Quimioterapia estándar
(FOLFIRINOX)
Mecanismo ✅ Ataque simultáneo a 3 vías moleculares ⚠️ Daño indiscriminado a células en división
Respuesta en ratones ✅ Eliminación completa + 200 días sin recurrencia ❌ Reducción temporal + alta recurrencia
Toxicidad ✅ Mínima en modelos animales ❌ Náuseas, inmunosupresión, fatiga extrema
Resistencia tumoral ✅ Muy baja (ataque simultáneo) ❌ Alta (mutaciones rápidas)
Estado actual ⚠️ Preclínico (ratones) ✅ Aprobado clínicamente
🔑 Conclusión crítica: La triple terapia representa un cambio de paradigma, pero requiere 30 millones de euros para llegar a humanos. Sin financiación, permanecerá como un hallazgo brillante en revistas científicas.

La triple terapia combina tres inhibidores que actúan sobre vías celulares complementarias:

  • Uno bloquea la señalización inmediata de KRAS.
  • Otro interrumpe la ruta de MAPK, una autopista molecular que transmite órdenes de crecimiento.
  • El tercero ataca la vía PI3K, responsable de la supervivencia celular.

Juntos, crean una trampa sin escapatoria. Las células tumorales no pueden desarrollar resistencias porque, al atacarse simultáneamente múltiples vías, no hay tiempo para que muten y se adapten. Es como cortar tres cables de una bomba a la vez: si falla uno, los otros dos garantizan la desactivación.

Los resultados en ratones fueron contundentes: tumores que ocupaban el 30% del páncreas se redujeron a cero en semanas. Y, crucialmente, no reaparecieron. En un cáncer donde la recurrencia es prácticamente inevitable, esta durabilidad es lo que convierte el hallazgo en algo más que un experimento de laboratorio.

El cáncer que roba el tiempo: por qué el páncreas es especialista en desesperanza

El adenocarcinoma ductal de páncreas no es solo otro tumor. Es, en palabras de los oncólogos, "el asesino silencioso". No duele en sus primeras fases. No genera síntomas evidentes. Para cuando aparece ictericia, pérdida de peso inexplicable o dolor abdominal profundo, el cáncer ya ha invadido vasos sanguíneos, nervios o ha hecho metástasis en hígado o pulmones.

En España se diagnostican cada año más de 10.300 casos. La supervivencia a cinco años ronda el 5-8%, una de las más bajas entre todos los cánceres. Las grandes revoluciones oncológicas del siglo XXI —inmunoterapia, terapias dirigidas— han tenido un impacto marginal aquí. Mientras el melanoma o el cáncer de pulmón avanzado ven sus tasas de supervivencia duplicarse, el páncreas sigue siendo una sentencia con fecha de caducidad cercana.

Esta brutalidad explica por qué el hallazgo del CNIO genera tanto entusiasmo. No es solo que funcione en ratones; es que funciona donde todo lo demás ha fracasado. Y lo hace sin la toxicidad devastadora de la quimioterapia estándar (como la combinación FOLFIRINOX), que deja a los pacientes exhaustos, con náuseas constantes y sistema inmune colapsado —un precio altísimo cuando el tiempo de vida restante se mide en meses.

El muro de los 30 millones y la realidad económica

Entre el laboratorio y el hospital hay un abismo financiero. Para llevar esta terapia a ensayos clínicos en humanos, Barbacid calcula que se necesitan 30 millones de euros. No para construir instalaciones lujosas ni para salarios desorbitados, sino para:

  • Desarrollar versiones farmacéuticas seguras de los tres compuestos (actualmente son herramientas de investigación).
  • Probar toxicidad en modelos animales más complejos.
  • Fabricar lotes clínicos bajo normas GMP (Good Manufacturing Practice).
  • Diseñar y financiar los primeros ensayos en pacientes con metástasis avanzadas.

La financiación pública española, según denuncia el propio Barbacid, es insuficiente incluso para mantener las colonias de ratones genéticamente modificados necesarios para la investigación básica. Ante este vacío, el proyecto ha tenido que pivotar hacia la Fundación CRIS contra el cáncer, que ha lanzado una campaña de micromecenazgo con un objetivo inicial de 3,5 millones de euros —solo una décima parte del total necesario, pero crítica para la fase inmediata: garantizar la seguridad de los compuestos antes de siquiera solicitar autorización regulatoria.

"En España se invierte, sobre todo, en ladrillo", afirmó Barbacid en una reciente comparecencia. La frase no es retórica: según datos del Ministerio de Ciencia, España dedica apenas el 1,25% de su PIB a investigación y desarrollo, muy por debajo de la media europea (2,2%). Y dentro de ese porcentaje, la financiación competitiva para proyectos de alto riesgo —como terapias innovadoras en fases preclínicas— es mínima. El resultado: investigadores de talla mundial saliendo a pedir dinero como si fueran startups en Silicon Valley, mientras el país importa medicamentos desarrollados con fondos públicos en otros países.

Tiempos biológicos vs. urgencia humana: la cruda realidad de los plazos

Aquí surge otro matiz crucial que los titulares sensacionalistas omiten: aunque se consiguieran los 30 millones mañana, los pacientes no recibirían el tratamiento en 2026. La biología no negocia con los calendarios.

Los propios científicos del CNIO estiman que harán falta al menos tres años más de pruebas en ratones, especialmente en modelos con metástasis avanzadas —la situación real de la mayoría de los diagnosticados—. Luego vendrá el desarrollo de fármacos más tolerables a través de Vega Oncotargets, la empresa cofundada por Barbacid y Guerra para acelerar la traslación clínica. Solo después podrán iniciarse los trámites regulatorios para ensayos clínicos de Fase I, que evaluarán seguridad en un pequeño grupo de pacientes.

Como recuerda la bioquímica Laura Attardi de la Universidad de Stanford, quien calificó la investigación de "revolucionaria": solo el 10% de los tratamientos que funcionan en ratones acaban aprobándose para uso humano en cáncer de páncreas. La probabilidad de éxito, como admite con crudeza Gerardo Gutiérrez, administrador de Vega Oncotargets, "no es alta, por no decir que es muy pequeñita".

Esta transparencia no es pesimismo; es rigor. Y es necesaria para evitar falsas esperanzas en pacientes que, como la soprano Cristina Domínguez —presente en la rueda de prensa del CNIO—, viven con la cuenta regresiva de su enfermedad. "A los pacientes no nos sobra el tiempo", dijo Domínguez. "Invertir en investigación no es una opción, es una urgencia vital". Pero la urgencia no puede saltarse los pasos que garantizan que un tratamiento es seguro. Es el dilema ético más agudo de la oncología moderna.

Barbacid a los 76 años: el peso de una vida dedicada a vencer lo invencible

Mariano Barbacid no es un investigador cualquiera. En 1982, cuando apenas tenía 32 años, aisló el gen HRAS, el primer oncogén humano identificado, demostrando que el cáncer no era un castigo divino ni una mala suerte, sino una enfermedad con causas moleculares identificables. Fundó y dirigió el CNIO, convirtiéndolo en un referente mundial. Ha recibido decenas de premios internacionales y su nombre está grabado en la historia de la oncología molecular.

Ahora, a los 76 años, afronta quizás su desafío más personal. No porque tema el fracaso —la ciencia está hecha de intentos fallidos—, sino porque sabe que el tiempo biológico no espera. Cada mes que pasa sin financiación es un mes en el que pacientes mueren sin haber tenido siquiera la oportunidad de probar esta terapia. Y cada año que el proyecto se estanca es un año en el que competidores internacionales —con fondos ilimitados de empresas farmacéuticas estadounidenses o chinas— podrían desarrollar enfoques similares y patentarlos, dejando a España fuera de la ecuación terapéutica.

Barbacid no pide dinero para su gloria personal. Pide dinero para que el hallazgo español no se convierta en otro "qué hubiera pasado si". Para que la triple terapia no termine como tantos otros avances: un artículo brillante en una revista de alto impacto, citado por colegas de todo el mundo… mientras los pacientes españoles siguen muriendo con las mismas opciones limitadas de siempre.

Conclusión para lectores exigentes: esperanza con pies en la tierra

El trabajo de Barbacid y su equipo es, sin duda, un avance científico legítimo y potencialmente transformador. La eliminación completa y duradera de tumores de páncreas en modelos animales mediante una estrategia farmacológica —no quirúrgica— es algo que hasta hace cinco años parecía ciencia ficción. La triple terapia representa un cambio de paradigma: en lugar de atacar un solo blanco y esperar que el tumor no mute, se le cierran todas las salidas simultáneamente.

Pero también es crucial entender sus límites:

  • No es una cura inminente: los ensayos clínicos están a mínimo tres años, y su éxito no está garantizado.
  • Requiere financiación masiva: 30 millones de euros que el sistema público español no puede aportar solo.
  • Depende de la sociedad civil: el micromecenazgo no es un gesto simbólico; es la única vía viable en el corto plazo.
  • No reemplazará otros tratamientos: si funciona, se sumará a la cirugía y quimioterapia, no las eliminará.

La verdadera pregunta que plantea este caso no es si la terapia funcionará en humanos —eso lo dirá el tiempo—, sino qué tipo de país queremos ser. ¿Uno que descubre tratamientos revolucionarios en sus laboratorios y luego los abandona por falta de recursos? ¿O uno que entiende que invertir en ciencia de alto riesgo es, paradójicamente, la apuesta más segura para el futuro económico y humano?

Mientras los ratones del CNIO viven libres de cáncer, el reloj de los pacientes sigue corriendo. Y Barbacid, a sus 76 años, sabe que esta podría ser su última batalla. No por falta de ideas, sino por falta de euros. En un mundo donde el cáncer de páncreas sigue siendo sinónimo de sentencia, la triple terapia ofrece un destello de luz. Pero para que esa luz llegue a los hospitales, alguien tiene que encenderla. Y el interruptor, en este caso, es el dinero.

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Nota para lectores

Este análisis se basa exclusivamente en fuentes primarias verificables: artículo original en PNAS (2024/2025), comunicados oficiales del CNIO, declaraciones públicas de Mariano Barbacid y Carmen Guerra, datos epidemiológicos del Registro Nacional de Cáncer de España (REDECAN) y entrevistas con expertos internacionales citados en medios especializados. No hemos recibido financiamiento ni acceso privilegiado de la Fundación CRIS, Vega Oncotargets ni instituciones relacionadas.

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