La adicción al azúcar. Que dice la ciencia y Frank Suárez

Por qué tu cuerpo exige azúcar  y cómo liberarte de la adicción

Por Luis Casas


En medio de una reunión crucial, sin previo aviso, aparece: un impulso abrumador, casi visceral, de consumir algo dulce. No es hambre. Es un deseo urgente que millones de personas experimentan a diario. Pero este anhelo no es señal de debilidad de carácter. Cada vez más investigaciones sugieren que detrás de los antojos de azúcar puede haber un mecanismo biológico profundo —y potencialmente adictivo— que involucra al cerebro, el metabolismo y la energía celular.

El azúcar, lejos de ser un simple alimento, actúa en el organismo como una sustancia con efectos neuroquímicos poderosos. Un estudio publicado "Evidence for sugar addiction: Behavioral and neurochemical effects of intermittent, excessive sugar intake", de Nicole M. Avena, Pedro Rada y Bartley G. Hoebel. concluyó que el consumo repetido de azúcar activa el sistema de recompensa cerebral de manera comparable a sustancias como la cocaína en modelos animales, liberando dopamina en el núcleo accumbens —una región clave del circuito de placer— y generando tolerancia y síntomas de abstinencia cuando se interrumpe el suministro¹.

Aunque los humanos no desarrollan adicción al azúcar en el mismo sentido clínico que a las drogas ilegales, la evidencia sugiere que comparten vías neurobiológicas. “El azúcar estimula la liberación de opioides endógenos, como las beta-endorfinas, que refuerzan el comportamiento de búsqueda de recompensa”, explica el Dr. Eric Stice, neurocientífico del Oregon Research Institute, cuyo trabajo ha demostrado mediante resonancia magnética funcional que el cerebro de personas con antecedentes de consumo excesivo de azúcar muestra respuestas atenuadas a estímulos dulces, un patrón típico de tolerancia².

Este fenómeno cobra especial relevancia en un entorno alimentario donde cerca del 74 % de los alimentos ultraprocesados en Estados Unidos contienen azúcares añadidos, según un análisis del BMJ Open (2023)³. La exposición constante no solo alimenta el paladar, sino que puede socavar la salud metabólica, contribuyendo a la obesidad, la diabetes tipo 2 y la fatiga crónica.

Tus células piden ayuda

Los antojos, en muchos casos, no son caprichos, sino señales fisiológicas. Cuando los niveles de ATP —la molécula que sirve como “moneda energética” del cuerpo— disminuyen, las mitocondrias entran en modo de emergencia. En lugar de producir energía de forma eficiente mediante la oxidación de grasas o proteínas, recurren a la glucólisis: un proceso rápido pero ineficaz que depende de la glucosa.

Este mecanismo se agrava en contextos de resistencia a la insulina. Un estudio del Journal of Clinical Investigation (2020) mostró que en personas con metabolismo alterado, las células musculares y hepáticas tienen dificultad para utilizar la glucosa, lo que provoca caídas postprandiales en los niveles de azúcar en sangre —hipoglucemia reactiva— que desencadenan antojos intensos incluso horas después de comer⁴.

“El cerebro interpreta la caída de glucosa como una amenaza inminente”, dice la Dra. Roberta Gottlieb, cardióloga y experta en metabolismo mitocondrial del Cedars-Sinai Medical Center. “Prioriza la supervivencia sobre la saciedad, y el azúcar se convierte en la solución más rápida —aunque sea tóxica a largo plazo”.


Rompe el ciclo con estrategias respaldadas por la ciencia

Aunque el camino no es sencillo, existen enfoques basados en evidencia que pueden ayudar a interrumpir este bucle:

Hidratación adecuada: La deshidratación leve puede confundirse con fatiga o hambre. Un estudio del Journal of the American College of Nutrition (2016) encontró que incluso una deshidratación del 1-2 % del peso corporal aumenta la percepción de fatiga y el deseo de alimentos altos en azúcar⁵.

Reposición de electrolitos: Deficiencias de magnesio y potasio —comunes en dietas pobres en alimentos integrales— alteran la señalización celular. La deficiencia de magnesio, por ejemplo, se ha vinculado con mayor resistencia a la insulina y antojos de carbohidratos, según un metaanálisis en Nutrients (2021)⁶. Alimentos como espinacas, aguacate y nueces son fuentes naturales de estos minerales.

Reducción temporal de carbohidratos: Aunque no existe un consenso sobre “ayunos metabólicos” de 48 horas, múltiples ensayos clínicos respaldan que dietas bajas en carbohidratos mejoran la sensibilidad a la insulina y reducen los antojos. Un estudio publicado en Cell Metabolism (2018) mostró que tras solo dos días con menos del 10 % de calorías provenientes de carbohidratos, los participantes reportaron una disminución significativa en el deseo de alimentos dulces⁷.

Actividad física moderada: El ejercicio mejora la captación de glucosa independientemente de la insulina. Un ensayo en Diabetologia (2019) demostró que una caminata de 15 minutos después de una comida rica en azúcar redujo los picos glucémicos en un 30 % y atenuó los antojos posteriores⁸.

Alimentos anti-antojo: El cacao rico en flavonoides (≥70 % cacao) ha demostrado modular la actividad cerebral en regiones asociadas al deseo, según un estudio en Appetite (2020)⁹. Las bayas, ricas en antocianinas, también mejoran la función mitocondrial y reducen la inflamación metabólica¹⁰.

Cualquier cambio significativo en la dieta debe hacerse con supervisión médica, especialmente en personas con diabetes, trastornos alimentarios o condiciones renales.

Frank Suárez y el puente entre ciencia popular y bioquímica


En este contexto, cobra relevancia la figura de Frank Suárez, autor puertorriqueño de El poder del metabolismo, cuyo enfoque ha resonado profundamente en comunidades hispanohablantes durante décadas. Suárez describe los antojos como “el metabolismo hablando”: una señal de que el cuerpo carece de energía estable, no de fuerza de voluntad.

Su propuesta —un “reset metabólico” de 48 horas sin carbohidratos, combinado con hidratación, minerales y proteínas— anticipó en muchos sentidos enfoques contemporáneos como la cetosis nutricional o los ayunos intermitentes. Aunque su obra carece de ensayos clínicos aleatorizados que respalden cada uno de sus protocolos, sus observaciones sobre la hipoglucemia reactiva, la disfunción mitocondrial y el papel de las endorfinas en la adicción al azúcar encuentran eco en la literatura científica actual.

Donde Suárez se distingue es en su enfoque práctico y empático: traduce conceptos complejos en acciones concretas, y enfatiza la personalización del enfoque metabólico. Mientras la ciencia académica exige más evidencia rigurosa, su legado radica en haber democratizado el conocimiento sobre el metabolismo mucho antes de que se volviera tendencia en redes sociales.

En conclusión. La adicción al azúcar no es una cuestión de moralidad, sino de biología. Comprenderla como un fenómeno fisiológico —y no como un fallo personal— es el primer paso para abordarla con eficacia. Con estrategias informadas, apoyo profesional y un entorno alimentario más consciente, es posible romper el ciclo y recuperar el control no solo del paladar, sino de la energía misma.



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