Un estudio publicado en Nature Medicine advierte que la infección por Helicobacter pylori, que afecta a la mitad de la población mundial, podría provocar un aumento drástico de los casos si no se mejoran las estrategias de prevención.
NUEVA YORK — Con cerca de un millón de nuevos diagnósticos anuales, el cáncer de estómago es ya una de las patologías oncológicas más devastadoras a nivel mundial. En 2022, se registraron oficialmente 968.784 casos nuevos, una cifra que, por sí sola, refleja la magnitud del problema. Sin embargo, las proyecciones más recientes sugieren que esta estadística podría escalar peligrosamente en los próximos años, impulsada por una bacteria silenciosa que habita en el estómago de la mitad de la humanidad: la Helicobacter pylori.
Según una investigación detallada publicada recientemente en la revista científica de referencia Nature Medicine, esta bacteria es el principal motor detrás de una futura crisis sanitaria. El estudio, que analiza las tendencias globales de salud, proyecta que el número de casos de cáncer gástrico se disparará en las próximas décadas, particularmente entre las generaciones más jóvenes, a menos que se implementen medidas urgentes de salud pública.
El enemigo invisible y prevalente
La Helicobacter pylori no es un patógeno nuevo. De hecho, se estima que más del 50% de la población mundial está infectada por ella. Aunque en muchas personas la bacteria permanece asintomática o provoca úlceras leves, su presencia crónica es el factor de riesgo más importante para el desarrollo de cáncer gástrico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica a esta bacteria como carcinógena para los humanos, y la evidencia sugiere que es responsable de la gran mayoría de los casos de cáncer no cardioesofágico.
El nuevo estudio subraya una realidad preocupante: debido al paso del tiempo y a la longevidad de la infección, la carga de cáncer atribuible a la bacteria aumentará significativamente en las cohortes de población nacidas entre 2008 y 2017. Los investigadores calculan que, sin intervenciones médicas específicas, estas generaciones podrían enfrentar hasta 15,6 millones de casos de cáncer de estómago a lo largo de sus vidas.
Una geografía desigual
El informe de Nature Medicine matiza, no obstante, que este aumento no será uniforme en todo el globo. Las proyecciones revelan una división geográfica marcada. Por un lado, los países de altos ingresos y con índices de desarrollo humano elevados —como Japón, Corea del Sur y varias naciones europeas— podrían ver una estabilización o incluso un descenso en la incidencia relativa. Esto se debe a la mejora de las condiciones de salubridad, el acceso a antibióticos y programas de detección temprana (cribado) ya existentes.
Por otro lado, la situación es crítica para el sur global. Se prevé que regiones como África subsahariana, gran parte de Asia y Latinoamérica experimenten un incremento exponencial en la carga de la enfermedad. En África subsahariana, por ejemplo, se estima que el número de casos podría ser hasta seis veces superior al registrado en 2022. Este aumento se debe a una combinación de alta prevalencia de la bacteria y los cambios demográficos: el envejecimiento y el crecimiento de la población en estas zonas aumentan automáticamente el grupo de riesgo.
La clave: prevención y tratamiento
A pesar del pronóstico alarmante, el estudio ofrece una conclusión esperanzadora: la mayoría de estos futuros casos son prevenibles. Según las estimaciones de los investigadores, aproximadamente el 76% de los cánceres gástricos proyectados para estas generaciones son atribuibles a la infección por Helicobacter pylori.
Esto significa que el diagnóstico temprano y el tratamiento antibiótico de la bacteria podrían evitar casi tres cuartas partes de los tumores antes de que se desarrollen. El desafío, según los expertos, radica en que las estrategias de prevención actuales están concentradas en países desarrollados, precisamente donde la incidencia va a bajar. Para frenar la oleada prevista para las próximas décadas, es necesario trasladar los recursos y las tecnologías de detección a las regiones donde la bacteria y el riesgo son mayores.
El mensaje de la comunidad científica es claro: el cáncer de estómago no es una sentencia inevitable. Con políticas sanitarias que prioricen la erradicación de la Helicobacter pylori, es posible desactivar esta "bomba de tiempo" biológica antes de que las proyecciones se conviertan en realidad.
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