Un ataque biológico de "doble pinza" reduce tumores cerebrales en cuestión de días

Investigadores del Mass General Cancer Center presentan los resultados de una terapia experimental que combina células modificadas y anticuerpos para combatir el glioblastoma, uno de los cánceres más agresivos y difíciles de tratar.

BOSTÓN — El glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo y común en adultos, ha sido históricamente una fortaleza biológica inexpugnable. A pesar de los avances en cirugía, radioterapia y quimioterapia, la esperanza de vida promedio tras el diagnóstico raramente supera los 18 meses. Sin embargo, un nuevo estudio publicado recientemente en The New England Journal of Medicine (NEJM) sugiere que las barreras que protegen a este cáncer podrían estar comenzando a romperse.

Un equipo del Mass General Cancer Center ha desarrollado una novedosa inmunoterapia que logró reducir dramáticamente los tumores en tres pacientes con glioblastoma recurrente en un tiempo récord. La clave del éxito, según los investigadores, no está en un solo arma, sino en un enfoque de "doble pinza" que ataca a la enfermedad desde varios frentes simultáneamente.

La estrategia: células T y anticuerpos "bispecíficos"

La terapia, denominada CARv3-TEAM-E, representa una evolución significativa de las células CAR-T, un tratamiento que ha revolucionado el tratamiento de ciertos cánceres en la sangre pero que había encontrado dificultades en los tumores sólidos, como los cerebrales.

"El glioblastoma es un enemigo esquivo porque sus células son muy heterogéneas; atacar una sola vía suele ser insuficiente", explica el Dr. Marcela Maus, director del Programa de Inmunoterapia Celular del Mass General y autor principal del estudio. Para superar esto, los científicos tomaron linfocitos T (las células defensivas del paciente) y las modificaron genéticamente para hacer dos cosas a la vez.

En primer lugar, las células T fueron equipadas con un receptor quimérico (CAR) que les permite reconocer una mutación específica del tumor llamada EGFRvIII. Pero, innovadoramente, también se les programó para que produjeran una molécula llamada TEAM (T-cell Engaging Antibody Molecule). Esta molécula actúa como un puente o un anticuerpo bispecífico que une a las células T con otra proteína tumoral muy común, el EGFR de tipo silvestre.

En esencia, la terapia crea un ejército celular que no solo busca al tumor por una dirección específica, sino que despliega un "misil teledirigido" local que recluta más células defensivas hacia el sitio del cáncer, rodeándolo por todos los flancos.

Resultados "dramáticos" pero preliminares

Los resultados del ensayo clínico de fase 1, diseñado principalmente para evaluar la seguridad, han superado las expectativas más optimistas. Los tres pacientes tratados con una sola infusión intravenosa de estas células modificadas experimentaron una respuesta rápida y notable.

Según los datos publicados, a los pocos días de recibir el tratamiento, las resonancias magnéticas mostraron una reducción masiva del tamaño de los tumores. En uno de los casos, la masa tumoral se redujo en más de un 60% en poco más de dos meses, manteniéndose estable durante un periodo significativo. En otro paciente, los médicos observaron una regresión casi completa del tumor apenas cinco días después de la infusión.

"Ver respuestas tan rápidas y profundas en un tipo de cáncer que suele ser resistente a todo es algo que te deja sin aliento", señaló Bryan Choi, neurooncólogo del Mass General y coautor del estudio, en declaraciones recientes.

El desafío de la duración

A pesar del entusiasmo generado por estos hallazgos, la comunidad científica urge a la cautela. Si bien la "cabeza de playa" se ha tomado con éxito, la batalla por la consolidación aún está pendiente.

El principal obstáculo identificado hasta ahora es la duración del efecto. Al igual que ocurre con otras terapias celulares, las células CARv3-TEAM-E parecen tener una vida útil limitada en el organismo. En los tres casos reportados, aunque la reducción del tumor fue espectacular al principio, las células T modificadas eventualmente desaparecieron de la circulación sanguínea y, con el tiempo, los tumores comenzaron a progresar de nuevo.

Los investigadores son transparentes al respecto: la terapia, tal como está administrada ahora, no es una cura definitiva. "Hemos demostrado que es posible atacar el tumor de manera efectiva, pero ahora el desafío es hacer que ese efecto dure", admitió Choi.

El camino a seguir

El ensayo, que continúa reclutando pacientes, ahora se centra en estrategias para prolongar la actividad de las células modificadas. Los científicos están evaluando la posibilidad de administrar infusiones repetidas de la terapia o combinarla con otros tratamientos, como la quimioterapia o la radiación, para evitar que el tumor encuentre una vía de escape.

Mientras tanto, la Agencia de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) aún no ha aprobado este tratamiento, ya que se encuentra en las fases más tempranas de investigación clínica. Sin embargo, el hecho de que un cáncer tan devastador haya mostrado vulnerabilidad ante este nuevo enfoque biológico ha encendido una luz de esperanza.

Para los miles de pacientes que se enfrentan cada año a un diagnóstico de glioblastoma, esta investigación sugiere que el paradigma del tratamiento podría estar al borde de un cambio histórico. "No hemos ganado la guerra todavía", concluyó Maus, "pero por primera vez en mucho tiempo, tenemos un mapa que podría llevanos a la victoria".

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