Las "voces" en la esquizofrenia no vienen de fuera, el cerebro se engaña a sí mismo

 Un nuevo estudio arroja luz sobre uno de los síntomas más desconcertantes de la esquizofrenia

Las alucinaciones auditivas, esas “voces” que millones de personas describen como si alguien más hablara dentro de su cabeza. La investigación, publicada recientemente en una revista especializada de neurociencia, confirma con datos de neuroimagen que estas experiencias no provienen de fuentes externas ni de daños en el oído, sino de un error en el propio funcionamiento cerebral: el cerebro genera pensamientos en forma de habla interna, pero falla al reconocerlos como propios y los interpreta como mensajes ajenos.

El trabajo se basa en un experimento con 100 participantes: 50 pacientes con esquizofrenia (mitad con alucinaciones activas y mitad en remisión) y 50 personas sanas como grupo control. A todos se les pidió que imaginaran decir palabras en silencio —el clásico “hablarse a uno mismo” mentalmente— y luego escucharan grabaciones reales de su propia voz. Mientras realizaban la tarea, una resonancia magnética funcional (fMRI) registraba la actividad cerebral en tiempo real, centrándose en zonas clave como la corteza auditiva primaria, el área de Broca (producción del lenguaje) y el área de Wernicke (comprensión auditiva).
Los resultados fueron claros. En los pacientes con alucinaciones activas, la corteza auditiva se activaba de forma espontánea incluso durante el pensamiento silencioso o en reposo, algo que apenas ocurría en los controles sanos. Además, no se producía la típica “amortiguación” en el giro temporal superior cuando generaban pensamientos internos: esa reducción normal de actividad que el cerebro usa para decir “tranquilo, esto lo estoy produciendo yo”. La conectividad entre las áreas del lenguaje y la audición aparecía desincronizada, lo que lleva a una atribución errónea: el cerebro toma su propia actividad como si viniera de fuera.Este mecanismo se explica con la teoría de la descarga corolaria (o corollary discharge), un sistema predictivo que el cerebro emplea para anticipar las consecuencias de sus acciones. Cuando hablamos o pensamos en palabras, enviamos una copia de la orden motora a las áreas auditivas para que se preparen y no se sorprendan. En condiciones normales, eso nos permite distinguir “esto es mío” de “esto viene de afuera”. En la esquizofrenia, ese aviso predictivo falla —posiblemente por desequilibrios en dopamina y glutamato—, y el pensamiento interno llega como una sorpresa que se etiqueta por defecto como externo.La teoría de Chris FrithGran parte de esta explicación descansa en el trabajo del neurocientífico británico Chris Frith, quien en 1992 publicó The Cognitive Neuropsychology of Schizophrenia, un libro que marcó un antes y un después. Frith propuso que muchos síntomas psicóticos —no solo las alucinaciones, sino también delirios de control o inserción de pensamientos— surgen de un déficit en la auto-monitorización: la capacidad del cerebro para reconocer sus propios procesos mentales y acciones como propios.Según Frith, cuando planeamos una acción (hablar, mover un brazo o simplemente pensar), el cerebro genera una predicción de lo que debería sentir o percibir. Esa predicción (efference copy) se compara con la realidad sensorial. Si coinciden, surge el sentido de agencia: “yo lo hice”. En la esquizofrenia, esa comparación falla, y el paciente puede experimentar sus propios movimientos o pensamientos como si fueran controlados por otro.
La teoría no se limita a las “voces”. Frith también la vinculó a síntomas negativos (como la apatía o el retraimiento emocional) y a problemas en la “teoría de la mente”: la habilidad para inferir estados mentales en los demás. En algunos casos, los pacientes muestran un “hiper-ToM”, interpretando eventos casuales como cargados de intenciones ocultas, lo que alimenta delirios persecutorios.Aunque formulada hace más de tres décadas, la idea de Frith sigue vigente y se ha reforzado con estudios de neuroimagen y electrofisiología. Investigaciones recientes (incluyendo trabajos de 2025) continúan explorando cómo fallos en la descarga corolaria durante el habla interna o encubierta explican específicamente las alucinaciones verbales auditivas, con evidencias de activación atípica en la corteza auditiva cuando los pacientes “leen” o piensan en silencio.
TratamientosComprender este fallo predictivo tiene implicaciones directas para el tratamiento. Los antipsicóticos tradicionales, que bloquean receptores de dopamina, siguen siendo el estándar, pero dejan sin resolver muchos síntomas negativos y cognitivos, y suelen traer efectos secundarios como ganancia de peso o rigidez motora.En septiembre de 2024, la FDA aprobó Cobenfy (xanomeline + trospium chloride), el primer fármaco en décadas con un mecanismo completamente nuevo: actúa sobre receptores muscarínicos colinérgicos en lugar de dopamina. Ensayos clínicos mostraron reducciones significativas en síntomas positivos (como alucinaciones) y, en algunos análisis posteriores, mejoras en cognición y síntomas negativos, con un perfil de efectos adversos más tolerable (aunque incluye náuseas o problemas urinarios en algunos casos). Un año después de su lanzamiento, los reportes iniciales en la práctica real son alentadores, y se siguen evaluando usos como terapia adyuvante.
Otros candidatos en fases avanzadas incluyen ulotaront (un agonista TAAR1 que modula trazas de aminas y serotonina), con buenos resultados en síntomas positivos y negativos en ensayos de fase 2 y 3; luvadaxistat (inhibidor de DAAO que eleva D-serina y mejora biomarcadores cognitivos en dosis moderadas); y terapias digitales como CT-155, que ayudan a combatir la apatía y el aislamiento social.También hay avances en formatos prácticos, como píldoras de liberación semanal para mejorar la adherencia, y enfoques experimentales que modulan células específicas para restaurar ritmos cerebrales.La esquizofrenia afecta a cerca del 1 % de la población mundial, y las alucinaciones auditivas aparecen en hasta el 70-75 % de los casos, según la OMS. Entender que las “voces” son, en esencia, un eco mal etiquetado del diálogo interno del paciente no elimina el sufrimiento, pero quita estigma y apunta hacia intervenciones más precisas. Como señalan los autores del estudio, este tipo de error neurológico no es místico ni periférico: es un cálculo cerebral que falla, y cada avance en su comprensión acerca un poco más la esperanza de tratamientos que realmente cambien vidas.


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