Un Análisis de Sangre que Podría Cambiar la Lucha contra el Cáncer

El ambicioso experimento británico que podría cambiar la medicina

Por Luis Casas

EEUU — Durante décadas, el cáncer ha sido una sombra que avanza en silencio. A menudo, no da señales hasta que ya ha ganado terreno: un bulto palpable, una pérdida de peso inexplicable, una fatiga que no cede. Para entonces, el tratamiento es más agresivo, costoso y, en muchos casos, menos efectivo. Pero ¿y si pudiéramos escuchar sus primeros pasos antes de que dé el primer paso?

En el Reino Unido, esa posibilidad ya dejó de ser un sueño de laboratorio. Más de 140.000 personas están participando en el ensayo NHS-Galleri, el estudio más grande del mundo destinado a probar si una simple muestra de sangre puede detectar decenas de tipos de cáncer antes de que aparezca el más mínimo síntoma. No se trata de adivinación, sino de ciencia de vanguardia aplicada a la vida real. Y los resultados definitivos, esperados para finales de 2026, podrían redefinir por completo la prevención oncológica a nivel global.

La prueba en cuestión se llama Galleri, y fue desarrollada por la empresa estadounidense GRAIL. Pertenece a una nueva generación de diagnósticos conocidos como pruebas de detección temprana de múltiples cánceres (MCED, por sus siglas en inglés: Multi-Cancer Early Detection). A diferencia de los cribados tradicionales —que buscan un solo tipo de tumor, como la mamografía para el cáncer de mama o la colonoscopia para el colorrectal—, Galleri actúa como un centinela molecular que vigila todo el cuerpo desde dentro.

Su funcionamiento se basa en un hallazgo biológico fascinante: incluso cuando un tumor es microscópico, algunas de sus células mueren y liberan fragmentos de ADN al torrente sanguíneo. Este material genético, llamado ADN tumoral circulante (ctDNA, por sus siglas en inglés: circulating tumor DNA), no es idéntico al de las células sanas. Lleva marcas químicas distintas, especialmente en lo que los científicos denominan metilación del ADN —un proceso que funciona como una especie de “etiqueta” molecular que decide qué genes se activan o desactivan en cada célula. En las células cancerosas, estas etiquetas se desordenan de forma característica.

Galleri analiza millones de estos fragmentos mediante secuenciación genómica de última generación y los compara con patrones conocidos de cáncer, usando algoritmos de inteligencia artificial entrenados con miles de muestras. Si encuentra una señal sospechosa, no solo emite una alerta, sino que también predice con alta precisión de qué órgano probablemente proviene el tumor: páncreas, pulmón, ovario, hígado, estómago… Esta información es crucial, porque guía al médico hacia las pruebas de imagen o biopsias adecuadas, evitando búsquedas a ciegas.

La prueba puede identificar señales de más de 50 tipos de cáncer, incluidos muchos que hoy carecen por completo de programas de cribado poblacional: cáncer de esófago, estómago, cabeza y cuello, hígado, ovario, entre otros. Estos son precisamente los más letales, no porque sean intrínsecamente incurables, sino porque suelen diagnosticarse en etapas avanzadas, cuando ya han invadido otros órganos. En estudios previos, Galleri logró detectar entre el 50% y el 70% de estos cánceres en etapas I o II, con una tasa de falsos positivos inferior al 1%. Es decir: si la prueba da positivo, hay una probabilidad muy alta de que realmente exista un cáncer.

Pero aquí surge una pregunta crítica: ¿detectar más cánceres equivale a salvar más vidas? No necesariamente. Por eso, el ensayo NHS-Galleri, lanzado en 2021, no se limita a medir cuántos tumores encuentra. Su objetivo es mucho más ambicioso: demostrar que esta estrategia reduce significativamente el número de diagnósticos en etapas III o IV, cuando el pronóstico se deteriora drásticamente y los tratamientos pierden eficacia.

El diseño del estudio es riguroso: la mitad de los participantes recibe la prueba Galleri una vez al año durante tres años, además de los cribados habituales del Servicio Nacional de Salud británico (NHS); la otra mitad continúa solo con los controles tradicionales. Así, los investigadores pueden comparar no solo cuántos cánceres se detectan, sino cuántos se evitan en fases avanzadas, y, en última instancia, si esto se traduce en una mayor supervivencia.

La respuesta del público fue abrumadora: 140.000 voluntarios se inscribieron en solo 10 meses, un récord que refleja tanto el miedo al cáncer como la esperanza en la ciencia. El estudio se llevó a cabo en 150 localidades de Inglaterra, con clínicas móviles que llegaron a comunidades rurales y urbanas, y materiales informativos disponibles en 45 idiomas, reconociendo la diversidad de la población británica. Los participantes ya completaron sus tres rondas de pruebas en 2024; ahora, los equipos médicos los siguen de cerca hasta mediados de 2025 para registrar todos los diagnósticos, tratamientos y resultados. Los datos finales se publicarán en 2026.

Mientras tanto, otros estudios refuerzan la esperanza. En Estados Unidos, los ensayos PATHFINDER y PATHFINDER 2 —este último presentado en octubre de 2025 en el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica— mostraron que Galleri puede encontrar cánceres que los métodos convencionales pasan por alto. En PATHFINDER 2, por ejemplo, se detectaron siete veces más cánceres que con los cribados estándar, aunque el número absoluto sigue siendo bajo: apenas unos pocos casos adicionales por cada mil personas examinadas. Lo más impresionante: la prueba predijo correctamente el origen del tumor en aproximadamente el 89% de los casos, una precisión que acelera enormemente el diagnóstico.

Aun así, las autoridades sanitarias británicas mantienen una postura prudente. En mayo de 2024, NHS England anunció que esperará los resultados finales del ensayo antes de decidir si incorpora Galleri al sistema público. Y con razón: implementar una prueba así a escala nacional no es solo un asunto científico, sino ético, logístico y económico.

Los expertos de Cancer Research UK y del propio NHS insisten en un punto clave: Galleri no reemplaza a los cribados probados, como la mamografía o la prueba de sangre oculta en heces para cáncer colorrectal. Más bien, los complementa. Además, no está exenta de riesgos. Un falso positivo, aunque raro, puede generar ansiedad innecesaria, derivar en resonancias, tomografías o biopsias invasivas sin fundamento. Un falso negativo podría dar una falsa sensación de seguridad, haciendo que alguien ignore síntomas reales. Y aunque el costo exacto no se ha revelado públicamente, se sabe que es elevado; escalarla a millones de personas exigiría una infraestructura masiva de seguimiento, personal capacitado y acceso equitativo.

Pero si los resultados finales confirman que Galleri reduce los diagnósticos tardíos y mejora la supervivencia, el Reino Unido podría convertirse en el primer país del mundo en implementar un programa nacional de detección multi-cáncer mediante sangre. Estados Unidos —donde Galleri ya se vende de forma privada, aunque sin aprobación total de la FDA para cribado poblacional—, Canadá, Alemania, Francia y otros países observan con atención. Empresas rivales ya desarrollan pruebas similares, pero ninguna cuenta con un respaldo tan sólido como el ensayo británico, que establece un nuevo estándar de evidencia.

Para millones de personas en riesgo —especialmente aquellas mayores de 50 años, grupo en el que la incidencia de cáncer aumenta notablemente—, esto representa algo más que una innovación técnica. Es la posibilidad tangible de que el cáncer deje de ser una sentencia sorpresa y se convierta en un problema detectable, tratable y, en muchos casos, superable.

No se trata de eliminar el cáncer por arte de magia, sino de cambiar las reglas del juego: pasar de reaccionar a la enfermedad a anticiparse a ella. Y tal vez, muy pronto, todo comience con un simple tubo de sangre, un pinchazo en el brazo, y la esperanza de que la ciencia haya aprendido a escuchar lo que el cuerpo calla.

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