Los tejidos bioimpresos dejan de ser solo modelos experimentales y comienzan a evaluarse como terapias reales.

Cómo la bioimpresión 3D está entrando en los quirófanos para devolver la vista y aliviar el dolor

Por Luis Casas

EEUU — Durante siglos, la medicina ha reparado el cuerpo con lo que encuentra: órganos donados, prótesis metálicas, injertos de piel. Pero ¿y si pudiéramos fabricar tejidos nuevos, idénticos a los originales, diseñados específicamente para cada paciente? Esa visión, que parecía reservada a la ciencia ficción, ya está cruzando las puertas de los hospitales. En 2025, por primera vez en la historia, un ser humano recibió una córnea creada enteramente en laboratorio mediante impresión 3D con células vivas. Al mismo tiempo, en quirófanos suizos, cirujanos implantan cartílago articular cultivado a partir de células extraídas de la nariz del propio paciente para reparar rodillas devastadas por la artrosis.

Estos no son experimentos aislados ni prototipos de laboratorio. Son los primeros pasos de una revolución silenciosa: la bioimpresión 3D ha dejado de ser un sueño académico para convertirse en una herramienta clínica real, evaluada en ensayos con pacientes humanos. Y aunque aún está en sus inicios, su potencial es transformador: devolver la vista a quienes están ciegos por daño corneal, aliviar el dolor crónico de millones con articulaciones desgastadas, e incluso —en un futuro no tan lejano— imprimir parches hepáticos, vasos sanguíneos o fragmentos de hueso a medida.

¿Qué es la bio impresión 3D. ?

Imaginemos una impresora común, como la que usamos en casa. Ahora, sustituyamos el cartucho de tinta por una “tinta biológica” —o bioink, en términos técnicos—: una mezcla cuidadosamente formulada de células vivas, materiales biocompatibles (como hidrogeles, suaves y similares al tejido natural) y factores de crecimiento que estimulan la regeneración. Capa tras capa, la impresora 3D deposita esta mezcla con precisión milimétrica, construyendo estructuras tridimensionales que imitan fielmente la arquitectura de un tejido humano real: una córnea transparente, un trozo de cartílago resistente, una red vascular microscópica.

Esta tecnología forma parte de la medicina regenerativa, un campo que no busca simplemente tratar síntomas, sino reparar o reemplazar tejidos dañados usando las propias capacidades del cuerpo o materiales biológicos diseñados para integrarse con él. Y aquí radica su ventaja radical frente a los trasplantes tradicionales: no depende de donantes.

Cada año, millones de personas esperan en listas interminables por un riñón, un hígado o una córnea. Muchos mueren antes de recibirlo. La bioimpresión ofrece una alternativa: tejidos personalizados, hechos con las propias células del paciente o con líneas celulares compatibles, lo que reduce drásticamente el riesgo de rechazo y elimina la competencia por órganos escasos. Hasta hace poco, estos tejidos se usaban solo para estudiar enfermedades o probar fármacos en el laboratorio. Pero en 2025-2026, la transición a la clínica es innegable: los primeros ensayos en humanos ya están midiendo no solo si son seguros, sino si realmente funcionan.

El primer trasplante corneal bio impreso para la ceguera

En octubre de 2025, en el Rambam Medical Center de Haifa, Israel, un equipo quirúrgico realizó algo que hasta entonces solo se había visto en publicaciones científicas: implantó en un paciente humano una córnea completamente fabricada en laboratorio mediante bioimpresión 3D. El implante, llamado PB-001, fue desarrollado por la empresa estadounidense Precise Bio y está compuesto por células endoteliales corneales humanas cultivadas —las mismas que mantienen la transparencia de la córnea en un ojo sano.

La córnea es la “ventana” del ojo: una cúpula transparente que permite el paso de la luz. Cuando se daña —por enfermedad genética, trauma o acumulación de líquido debido a una falla en sus células endoteliales— se vuelve opaca, causando visión borrosa o ceguera total. A nivel mundial, más de 12 millones de personas sufren ceguera corneal, y solo una fracción recibe trasplantes por la escasez crónica de donantes.

Precise Bio resuelve este cuello de botella de una forma ingeniosa: una sola córnea donada puede servir como fuente para generar hasta 300 implantes bioimpresos, todos transparentes, biocompatibles y funcionalmente equivalentes a una córnea natural. No se trata de clonar órganos completos, sino de multiplicar el recurso más valioso: las células sanas.

El primer paciente en recibir el PB-001 era legalmente ciego en un ojo y participó en un ensayo clínico de Fase 1, cuyo objetivo principal es evaluar seguridad y tolerabilidad, no eficacia definitiva. La cirugía fue un éxito: no hubo complicaciones inmediatas, y los signos tempranos de integración y curación fueron prometedores. El estudio, que incluirá entre 10 y 15 pacientes con edema corneal por disfunción endotelial, seguirá monitoreando a los participantes durante seis meses. Los resultados clave —mejora en agudeza visual, claridad corneal y estabilidad del implante— se conocerán en la segunda mitad de 2026.

Si estos datos confirman que el implante es seguro y efectivo, las fases posteriores podrían acelerar su aprobación regulatoria. El impacto sería inmenso: un tratamiento escalable, accesible y sin listas de espera para una causa evitable de ceguera que afecta principalmente a países de ingresos bajos y medios.

Cartílago de la nariz para salvar rodillas: una fuente inesperada de regeneración

Mientras tanto, en otro frente de la medicina regenerativa, investigadores europeos están logrando avances igualmente notables en la reparación del cartílago articular de la rodilla. Este tejido, liso y resistente, amortigua el roce entre los huesos. Pero no se regenera por sí solo: una vez desgastado por lesiones deportivas, sobrepeso o envejecimiento, da lugar a la osteoartritis (o artrosis), una condición que causa dolor crónico, rigidez y, en casos graves, discapacidad permanente.

Aquí surge una idea sorprendente: usar células del propio paciente… pero no de la rodilla, sino de la nariz. Específicamente, del septum nasal, el cartílago que separa las fosas nasales. Estas células, llamadas condrocitos nasales, tienen propiedades únicas: son más fáciles de extraer (mediante una biopsia mínimamente invasiva), se multiplican con rapidez en el laboratorio y, lo más importante, producen un cartílago de alta calidad cuando se cultivan bajo las condiciones adecuadas.

Un estudio clave publicado en 2025 en Science Translational Medicine analizó a 98 pacientes en un ensayo multicéntrico realizado en cuatro países. Compararon dos enfoques: implantes de cartílago nasal “maduro” (cultivado durante más tiempo para que las células desarrollen una matriz extracelular robusta) frente a versiones menos maduras. Los resultados fueron claros: los implantes más maduros se integraron mejor con el tejido circundante, generaron menos inflamación y mejoraron significativamente la función articular, incluso en lesiones complejas o extensas.

Aunque no todos estos procedimientos usan bioimpresión 3D en sentido estricto —muchos se basan en ingeniería tisular convencional—, la integración con la impresión está creciendo rápidamente. Hoy, andamios (scaffolds) impresos en 3D guían el crecimiento celular para dar forma exacta al implante, adaptándose perfectamente a la anatomía única de cada rodilla.

Ensayos en curso, financiados por la Swiss National Science Foundation y el programa Horizon Europe, están evaluando estos implantes específicamente para la osteoartritis patelofemoral —el desgaste en la parte frontal de la rodilla, muy común en mujeres jóvenes y deportistas—. El objetivo final es claro: evitar prótesis totales de rodilla, que tienen una vida útil limitada y requieren cirugías mayores. Con un implante autólogo (hecho con células del propio paciente), el riesgo de rechazo prácticamente desaparece.

Otros enfoques más avanzados combinan el cartílago bioimpreso con plasma rico en plaquetas (que acelera la curación) y periostio óseo (una membrana que estimula la regeneración), especialmente para defectos grandes. Varios de estos protocolos ya están registrados en ClinicalTrials.gov (como el estudio NCT07312175) y se están probando activamente en 2025 y 2026.

Promesas reales, desafíos concretos

Estos avances marcan un punto de inflexión: la bioimpresión 3D ya no es solo una herramienta para modelos de laboratorio o pruebas de fármacos. Ha entrado en la clínica, con ensayos rigurosos que miden su impacto real en la vida de los pacientes. Sus beneficios potenciales son enormes:

  • Personalización total: tejidos hechos a medida, con menor riesgo de rechazo.
  • Escalabilidad: una donación genera cientos de implantes, democratizando el acceso.
  • Aplicaciones múltiples: desde ojos y articulaciones hasta piel para quemaduras, parches cardíacos o incluso mini-órganos para trasplante parcial.

Pero el camino no está exento de obstáculos. Los costos siguen siendo altos, la maduración perfecta del tejido requiere semanas en incubadoras especializadas, y los tejidos gruesos aún enfrentan el reto de la vascularización —es decir, cómo integrar vasos sanguíneos para nutrir las células en su interior. Además, los reguladores sanitarios (como la FDA en EE.UU. o la EMA en Europa) exigen datos a largo plazo sobre seguridad antes de aprobar usos rutinarios.

Por eso, los ensayos actuales se centran en Fases 1 y 2: primero, confirmar que no causan daño; luego, medir si mejoran la función. La eficacia definitiva y la aprobación clínica generalizada podrían tardar varios años más.

Sin embargo, 2026 será un año decisivo. Se esperan los resultados finales del ensayo corneal PB-001 y avances clave en los implantes de cartílago nasal para artrosis. Si los datos son positivos, podrían acelerar la adopción en sistemas de salud públicos y privados, ofreciendo una nueva esperanza a millones de personas con daños que hoy se consideran irreversibles.

La medicina regenerativa ya no es una promesa distante. En los quirófanos de Israel y Suiza, tejidos creados en laboratorio están devolviendo la vista a quienes la perdieron y permitiendo caminar sin dolor a quienes habían renunciado a hacerlo. El futuro, donde los órganos y tejidos se “imprimen” a medida, no llegará de golpe… pero ya ha dado sus primeros pasos. Y lo hace, literalmente, sobre piernas nuevas y ojos que vuelven a ver.

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