Una triple inmunoterapia ha logrado mantener libre de recurrencia uno de los tumores más agresivos.

 Una nueva esperanza contra los cánceres más letales al sistema inmune

Por Luis Casas

BUENOS AIRES — El glioblastoma multiforme (GBM) es, para muchos médicos, la sentencia más implacable en oncología. Es un tumor cerebral agresivo, invasivo y resistente, que crece como raíces entre las neuronas, evadiendo cirugías, radioterapia y quimioterapia. Incluso con el tratamiento más intensivo, la mayoría de los pacientes viven apenas 12 a 18 meses tras el diagnóstico. La recurrencia es casi inevitable.

Pero en 2025, algo inesperado ocurrió. Un paciente recién diagnosticado con glioblastoma —uno de los perfiles genéticos más desfavorables— superó los 18 meses sin señales claras de regreso del tumor. No fue suerte. Fue ciencia. Antes de la cirugía, recibió una combinación experimental de tres inmunoterapias diseñadas para “despertar” al sistema inmune y enseñarle a reconocer el cáncer como enemigo.

Este caso, publicado en Nature Medicine, no solo sorprendió a la comunidad médica: abrió la puerta a un ensayo clínico internacional que podría cambiar el destino de miles. Y mientras esto sucedía, el Premio Nobel de Medicina 2025 honraba a los científicos que descifraron el papel de unas células inmunes llamadas linfocitos T reguladores (Treg) —los “guardianes” que frenan al sistema inmune para evitar que ataque al propio cuerpo—.

Juntos, estos dos avances marcan un giro profundo: ya no se trata solo de atacar el cáncer con más fuerza, sino de entender y reprogramar el diálogo entre el tumor y el sistema inmune. Y en ese diálogo, hay aceleradores… y frenos.

El caso de la triple inmunoterapia antes de la cirugía

Durante años, el cerebro se consideró un “santuario inmune”: un lugar donde las defensas del cuerpo apenas penetran, protegido por la barrera hematoencefálica, una especie de aduana biológica que filtra lo que entra desde la sangre. Además, los tumores cerebrales como el glioblastoma crean un microambiente inmunosupresor: secretan sustancias que apagan a las células inmunes, convirtiendo el tumor en un “sitio frío”, invisible para las defensas.

Por eso, las inmunoterapias que revolucionaron otros cánceres —como el melanoma o el pulmón— fracasaron en el cerebro. Hasta ahora.

En febrero de 2025, un equipo internacional liderado por la profesora Georgina Long (del Melanoma Institute Australia y la Universidad de Sídney) presentó un enfoque radical: aplicar la inmunoterapia no después de la cirugía, sino antes. Esta estrategia, llamada neoadyuvante, tiene una lógica poderosa: mientras el tumor aún está intacto, contiene miles de antígenos —señales moleculares únicas del cáncer— que pueden “enseñar” al sistema inmune a reconocerlo. Una vez extirpado, esas señales desaparecen, y el sistema pierde su blanco.

El paciente recibió, 12 días antes de la cirugía, una sola dosis combinada de tres fármacos:

  • Nivolumab: bloquea la proteína PD-1, un “freno” que los tumores usan para desactivar a las células T asesinas.
  • Ipilimumab: inhibe CTLA-4, otro freno molecular que limita la activación inicial de las células T.
  • Relatlimab: actúa sobre LAG-3, una tercera vía inhibidora que refuerza la supresión inmune en el entorno tumoral.

Juntos, estos medicamentos no solo liberan los “frenos” del sistema inmune, sino que multiplican su capacidad de respuesta. Tras la cirugía, los análisis mostraron algo extraordinario: las células tumorales circulantes en sangre habían desaparecido, y las imágenes de seguimiento no detectaban tumor residual claro. Aunque el perfil genético del paciente —IDH-wild-type y MGMT no metilado— predice un pronóstico muy pobre, superó los 18 meses sin recurrencia evidente.

Este resultado no es una cura, pero es una prueba de concepto histórica: demuestra que, incluso en un tumor cerebral “frío”, el sistema inmune puede ser “calentado” si se interviene en el momento exacto.

Basado en este caso, se lanzó el ensayo GIANT (Glioblastoma Immunotherapy Advancement with Nivolumab and Relatlimab Trial), un estudio internacional coordinado desde Australia (Peter MacCallum Cancer Center y The Brain Cancer Centre) con participación del Duke Cancer Institute en Estados Unidos. El objetivo: evaluar si esta combinación neoadyuvante es segura y eficaz en más pacientes. El reclutamiento comenzó en 2025; los primeros datos se esperan en los próximos años.

Aun así, los investigadores son cautos. En algunos reportes relacionados, la recurrencia apareció alrededor de los 22 meses. Pero en un campo donde décadas de investigación apenas han movido la aguja de la supervivencia, ganar unos meses adicionales con calidad de vida es ya un avance transformador.

El Nobel 2025: el homenaje a los “guardianes” del sistema inmune

Mientras el mundo miraba el caso del glioblastoma, en octubre de 2025 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina reconoció un descubrimiento fundamental: el rol de los linfocitos T reguladores, o Treg.

Estas células, identificadas por primera vez por el japonés Shimon Sakaguchi en los años 90, actúan como policías internos del sistema inmune. Su misión: evitar que las células T ataquen tejidos sanos, manteniendo lo que los inmunólogos llaman tolerancia periférica. Sin ellas, el cuerpo se autodestruye: aparecen enfermedades autoinmunes como el lupus, la diabetes tipo 1 o la esclerosis múltiple.

El estadounidense Fred Ramsdell y la científica Mary E. Brunkow demostraron que mutaciones en el gen FOXP3 —el “interruptor maestro” que define la identidad de las Treg— causan fallos catastróficos en esta regulación. En humanos, estas mutaciones llevan a un síndrome raro pero devastador de autoinmunidad generalizada.

Pero en el cáncer, las Treg se convierten en un arma de doble filo. Dentro del tumor, estas mismas células “guardianas” suprimen excesivamente la respuesta inmune, creando un escudo protector que permite al cáncer crecer sin ser detectado. Por eso, muchas inmunoterapias modernas —como los inhibidores de PD-1 o CTLA-4— no solo activan a las células T asesinas, sino que indirectamente reducen la influencia de las Treg en el microambiente tumoral.

El Nobel no solo celebró un descubrimiento básico: aceleró todo un campo terapéutico. Hoy, decenas de laboratorios exploran formas de manipular selectivamente las Treg según el contexto:

  • En el cáncer: se buscan fármacos que deplecionen o desactiven solo las Treg dentro del tumor, sin afectar a las que protegen el resto del cuerpo. Estrategias como el targeting de CCR8 (una proteína presente en Treg tumorales) están en ensayos preclínicos.
  • En trasplantes y autoinmunidad: se cultivan Treg expansivas o se diseñan CAR-Treg (linfocitos T reguladores modificados con receptores quiméricos) para restaurar la tolerancia y evitar el rechazo de órganos o ataques autoinmunes.

Empresas como Sonoma Biotherapeutics, Quell Therapeutics y Nektar Therapeutics ya tienen productos basados en Treg en desarrollo. Aunque en 2026 ninguna terapia pura de Treg está aprobada para cáncer, se espera que las primeras autorizaciones regulatorias (por la FDA en EE.UU. o la EMA en Europa) lleguen en 2026-2027, inicialmente para prevenir el rechazo de trasplantes o la enfermedad injerto contra huésped (GVHD).

Un camino de esperanza

Estos avances no prometen milagros, pero sí una nueva dirección. En el glioblastoma, pasar de una supervivencia media de 15 meses a más de 18 sin recurrencia —y potencialmente más— es un salto cualitativo. La triple inmunoterapia neoadyuvante podría combinarse en el futuro con otras estrategias emergentes: campos eléctricos tumorales (Optune), vacunas personalizadas o incluso terapias dirigidas a las Treg.

Pero los desafíos son reales. Las combinaciones de inmunoterapia pueden causar inflamación cerebral grave (encefalitis autoinmune), un efecto adverso potencialmente mortal. No todos los pacientes responden igual: la genética, el microambiente tumoral y el estado inmune previo influyen profundamente. Y, sobre todo, se necesitan más datos. El ensayo GIANT será crucial para saber si el éxito de un solo caso puede replicarse a escala.

El Nobel a las Treg subraya una verdad profunda: entender los “frenos” del sistema inmune es tan importante como pisar el acelerador. La inmunoterapia del futuro no será solo sobre activar, sino sobre equilibrar: potenciar la respuesta contra el cáncer sin desatar la autoinmunidad, suprimir las Treg tumorales sin debilitar la protección del cuerpo sano.

En un campo marcado por la frustración, 2025-2026 representa un punto de inflexión. De casos aislados a ensayos rigurosos. De descubrimientos básicos a terapias concretas. Para los pacientes con glioblastoma y otros cánceres agresivos, estas estrategias ya no son solo ciencia: son una posibilidad tangible de más tiempo, más calidad de vida… y, quizás, un día, una cura.

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