Revelan cómo las grasas de la comida activan la metástasis y qué fármaco podría detenerla
Por Luis Casas – Corresponsal de salud
EEUU, 30 de octubre de 2025
En un descubrimiento que podría transformar radicalmente la prevención y el tratamiento del cáncer de próstata más agresivo, científicos del Centro de Cáncer del Centro Médico Beth Israel Deaconess (BIDMC), afiliado a la Universidad de Harvard, han demostrado que la dieta occidental rica en grasas saturadas no solo favorece el desarrollo del tumor, sino que actúa como un detonante ambiental capaz de convertir tumores “indolentes” —lentos y no letales— en formas metastásicas y mortales. El hallazgo, respaldado por dos estudios publicados en revistas de alto impacto, revela una interacción precisa entre factores genéticos y ambientales, y ofrece una vía terapéutica inmediata: un fármaco antiobesidad llamado fatostatina.
Cuando la dieta activa la “locura lipogénica”
Los investigadores, liderados por el renombrado oncólogo molecular Pier Paolo Pandolfi, director del Instituto de Investigación del Cáncer del BIDMC y profesor de Harvard Medical School, demostraron en modelos murinos que la pérdida simultánea de dos genes supresores de tumores —PTEN y PML— desencadena una hiperactivación metabólica en las células cancerosas. Esta alteración genética, combinada con una dieta rica en grasas saturadas (60% de calorías provenientes de lípidos, similar a la dieta estadounidense promedio), provoca una “locura lipogénica”: las células tumorales comienzan a sintetizar grasas internas de forma descontrolada, lo que alimenta su capacidad invasiva y su diseminación a órganos distantes.
“Nuestros datos no solo iluminan los mecanismos genéticos subyacentes, sino que demuestran cómo un factor ambiental —las grasas saturadas— puede encender el interruptor metastásico”, explicó Ming Chen, PhD, primer autor de los estudios y científico postdoctoral en el laboratorio de Pandolfi.
El estudio, publicado en Nature Genetics (DOI: 10.1038/s41588-017-0027-2), identificó que la ausencia combinada de PTEN y PML reactiva la vía de señalización MAPK, lo que a su vez hiperactiva a SREBP (Sterol Regulatory Element-Binding Protein), un regulador maestro de la síntesis de lípidos. En ratones con esta doble pérdida genética, la dieta occidental provocó un aumento del 300% en lípidos intracelulares y una tasa de metástasis del 80%, frente al 0% observado en animales alimentados con una dieta baja en grasas.
Por qué los estudios en ratones no metastatizaban
Durante décadas, los modelos animales de cáncer de próstata han sido criticados por su incapacidad para replicar la metástasis humana. El equipo de Pandolfi encontró la explicación: los ratones de laboratorio tradicionalmente se alimentan con una dieta vegetal baja en grasas y azúcares —similar a la dieta asiática—, lo que inhibe la progresión tumoral incluso en presencia de mutaciones genéticas. Al cambiar su alimentación a una rica en grasas saturadas (con sebo de cerdo como fuente principal), los tumores indolentes se volvieron agresivos y metastásicos en el 100% de los casos, incluso en ratones con solo la pérdida de PTEN.
Este hallazgo no solo resuelve una limitación histórica en la investigación oncológica, sino que también explica las marcadas disparidades epidemiológicas globales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer de próstata afecta a 1,3 millones de hombres al año, siendo el segundo cáncer más común en varones. Sin embargo, su incidencia y letalidad varían drásticamente según la región: en países asiáticos como Japón o China, donde la dieta es baja en grasas saturadas y rica en pescado, vegetales y té verde, la incidencia apenas alcanza el 10%. Pero cuando los hombres de estas regiones migran a Estados Unidos y adoptan hábitos alimenticios occidentales, la tasa se dispara al 40%.
Estudios clásicos, como el de Whittemore et al. (1995) en el Journal of the National Cancer Institute, ya habían vinculado esta transición a factores ambientales, especialmente al consumo elevado de grasas animales y al aumento de la obesidad. Hoy, con el 40% de los adultos estadounidenses clasificados como obesos (CDC, 2024), las tasas de mortalidad por cáncer de próstata metastásico son hasta seis veces mayores que en Asia.
Fatostatina: un fármaco antiobesidad que frena la metástasis
La esperanza surge de un compuesto descubierto en 2009 por Kamisuki et al.: la fatostatina, un inhibidor de SREBP originalmente desarrollado para tratar la obesidad. En los experimentos del BIDMC, la administración de fatostatina a ratones con tumores de próstata y dieta occidental bloqueó completamente la lipogénesis tumoral, redujo el tamaño del tumor y previno la metástasis en el 100% de los casos.
En modelos de xenoinjertos con células humanas, el fármaco redujo la proliferación celular en un 70% y la diseminación metastásica en un 90%. Estos resultados, publicados también en Nature Communications (DOI: 10.1038/s41467-019-12298-z), abren la puerta a la reutilización terapéutica (drug repurposing) de inhibidores de SREBP, actualmente en desarrollo para trastornos metabólicos.
“El interruptor lipogénico es farmacológicamente alcanzable”, afirmó Pandolfi. “Esto no es solo biología básica; es una estrategia clínica inmediata”.
El equipo ya prepara un ensayo clínico de fase I en hombres con cáncer de próstata de alto riesgo, centrado en aquellos cuyas biopsias revelen la pérdida conjunta de PTEN y PML. Aunque el número de registro clínico (NCT) aún está pendiente, la comunidad oncológica observa con expectativa este enfoque metabólico.
Implicaciones clínicas
Los hallazgos tienen consecuencias prácticas inmediatas. De los 1 millón de nuevos casos anuales de cáncer de próstata, aproximadamente 200.000 progresan a metástasis. Con un screening genético temprano en biopsias —buscando la pérdida de PTEN y PML—, los médicos podrían identificar a pacientes de alto riesgo y recomendar intervenciones preventivas: desde una dieta baja en grasas saturadas (como la dieta mediterránea, rica en omega-3) hasta el uso profiláctico de inhibidores de SREBP.
Estudios epidemiológicos respaldan esta estrategia. La cohorte NIH-AARP Diet and Health Study (2013) encontró que un alto consumo de grasas totales se asociaba con un 20% más de riesgo de cáncer de próstata avanzado, mientras que el consumo de ácidos grasos omega-3 (presentes en pescados grasos como el salmón) reducía ese riesgo en un 15%.
“No todas las grasas son iguales”, subraya Pandolfi. “Las grasas saturadas promueven la metástasis; las insaturadas, como el omega-3, la inhiben”.
Reconocimiento de la comunidad científica
Expertos independientes han calificado el trabajo como un avance paradigmático. Yusuf Hannun, director del Stony Brook Cancer Center y pionero en biología de lípidos en cáncer, declaró: “Este estudio es importante porque detalla con precisión los cambios moleculares inducidos por una dieta alta en grasas en células y animales, y cómo estos impactan directamente en la metástasis”.
Mark S. Humayun, profesor de la USC Roski Eye Institute y experto en medicina regenerativa (no involucrado en la investigación), añadió: “Supera las limitaciones de los enfoques puramente genéticos. Integra el ambiente, el metabolismo y los fármacos en un solo marco terapéutico”.
Limitaciones y próximos pasos
Aunque los resultados en modelos animales y células humanas son robustos, los autores reconocen que aún se requieren ensayos clínicos en humanos para validar la eficacia y seguridad de la fatostatina en pacientes con cáncer de próstata. Además, el papel exacto de otros nutrientes —como los azúcares refinados o las proteínas animales— en esta cascada metabólica sigue bajo investigación.
Sin embargo, el mensaje es claro: la dieta no es un factor secundario, sino un modulador central de la biología tumoral. Como concluye Pandolfi: “Los datos te convencen de cambiar tu estilo de vida. En este caso, cambiar el tenedor podría salvar vidas”.
Fuentes verificables:
- Chen, M. et al. (2018). Nature Genetics 50, 206–216. DOI: 10.1038/s41588-017-0027-2
- Chen, M. et al. (2019). Nature Communications 10, 4489. DOI: 10.1038/s41467-019-12298-z
- Whittemore, A.S. et al. (1995). Journal of the National Cancer Institute, 87(9), 656–664.
- NIH-AARP Diet and Health Study (2013). American Journal of Clinical Nutrition, 98(3), 773–782.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Global Cancer Observatory (GLOBOCAN 2022).
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). National Center for Health Statistics, 2024.
- Kamisuki, S. et al. (2009). Chemistry & Biology, 16(8), 882–892.
Este reportaje fue elaborado con acceso directo a los autores, revisión de literatura científica primaria y verificación cruzada con bases de datos clínicas y epidemiológicas internacionales.
0 Comentarios
¿Cómo mejoras tu vida cada día? ¡Cuéntanos tu truco favorito o pregúntanos lo que quieras!