Por Luis Casas
En una época en la que los médicos buscan cada vez más enfoques integrales para combatir enfermedades crónicas, una especia que ha perfumado cocinas desde el antiguo Egipto está emergiendo como una aliada inesperada en la lucha contra la hipertensión: la canela. Más allá de su aroma cálido y su sabor distintivo, esta corteza aromática —proveniente principalmente de árboles del género Cinnamomum— está atrayendo la atención de la comunidad científica por su potencial para mejorar la salud cardiovascular, especialmente mediante la regulación de la presión arterial.
Un creciente cuerpo de evidencia sugiere que el consumo regular de canela podría desempeñar un papel significativo en la reducción de la presión arterial, particularmente en personas con hipertensión leve a moderada. Un metaanálisis publicado en el Journal of Clinical Nutrition encontró que, tras 12 semanas de ingesta diaria de entre 1 y 6 gramos de canela, los participantes experimentaron una disminución estadísticamente significativa tanto en la presión sistólica como en la diastólica. Aunque los efectos no reemplazan los medicamentos recetados, los investigadores destacan su valor como complemento dentro de un enfoque holístico de la salud cardiovascular.
¿Cómo actúa la canela en el cuerpo?
Detrás de este efecto se encuentran compuestos bioactivos como los polifenoles, flavonoides y, en menor medida, el cumarín —una sustancia que, en exceso, puede ser tóxica para el hígado, lo que subraya la importancia de consumir la especia con moderación y preferir variedades como la canela de Ceilán, más baja en cumarín que la más común canela de Cassia.
Estos compuestos poseen propiedades vasodilatadoras: relajan y ensanchan los vasos sanguíneos, facilitando el flujo sanguíneo y reduciendo la resistencia arterial. “Es como si la canela ayudara a ‘descomprimir’ el sistema circulatorio”, explica la Dra. Elena Martínez, cardióloga e investigadora en nutrición clínica de la Universidad de Columbia. “Al mejorar la elasticidad de las arterias, disminuye la carga sobre el corazón y se estabilizan los niveles de presión”.
Más allá de la presión: un impacto sistémico
Pero los beneficios cardiovasculares de la canela no terminan ahí. Estudios recientes, incluyendo uno publicado en el American Journal of Hypertension, han vinculado su consumo con una mejora en la sensibilidad a la insulina —un factor clave en la regulación de la presión arterial. La resistencia a la insulina, común en personas con prediabetes o diabetes tipo 2, no solo eleva los niveles de glucosa en sangre, sino que también activa mecanismos fisiológicos que aumentan la presión arterial. Al mejorar la eficiencia con la que las células responden a la insulina, la canela podría actuar como un regulador indirecto de la tensión arterial.
Además, la especia es rica en antioxidantes y compuestos antiinflamatorios. Según una investigación en Phytotherapy Research, estos elementos combaten el estrés oxidativo y la inflamación crónica —dos procesos subyacentes en el desarrollo de la aterosclerosis y la hipertensión. “La inflamación silenciosa en las paredes arteriales es un precursor de muchas enfermedades cardiovasculares”, señala el Dr. Amir Khan, especialista en medicina preventiva del Mount Sinai Hospital. “La canela, al modular esta respuesta, ofrece una capa adicional de protección”.
Un aliado contra el colesterol “malo”
Otro frente en el que la canela demuestra su utilidad es en el control del colesterol. Un análisis publicado en BMC Complementary Medicine and Therapies reveló que su consumo regular se asocia con una reducción significativa del colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad), conocido como el “colesterol malo”. Niveles elevados de LDL contribuyen al endurecimiento y estrechamiento de las arterias, lo que incrementa la presión sobre el sistema circulatorio y eleva el riesgo de eventos cardiovasculares graves, como infartos o accidentes cerebrovasculares.
Cautela y contexto
A pesar de estas prometedoras hallazgos, los expertos insisten en que la canela no debe verse como una cura milagrosa. “Es un complemento, no un sustituto”, subraya la Dra. Martínez. “Ningún alimento, por muy beneficioso que sea, puede reemplazar un tratamiento médico supervisado, especialmente en casos de hipertensión moderada o severa”.
Además, se recomienda consultar con un profesional de la salud antes de incorporar suplementos de canela en la dieta, especialmente en personas con problemas hepáticos o que toman anticoagulantes, debido a la posible interacción con el cumarín.
Una especia con historia
La canela ha sido venerada durante milenios —desde su uso en rituales funerarios egipcios hasta su papel en la medicina tradicional china e india. Hoy, en medio de una epidemia global de enfermedades cardiovasculares —la principal causa de muerte en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud—, esta antigua especia podría tener un papel renovado en la medicina moderna.
No se trata de espolvorear canela sobre todo lo que comemos, sino de integrarla sabiamente en una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras, granos integrales y grasas saludables. En un mundo donde la prevención es tan crucial como el tratamiento, la canela nos recuerda que, a veces, las soluciones más poderosas vienen envueltas en aromas familiares.
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