Por Luis Casas – 25 de noviembre de 2025
En un laboratorio del distrito de Nanshan, en Shenzhen, la biotecnológica Lonvi Biosciences ha comenzado a comercializar lo que podría ser la primera intervención práctica contra uno de los principales motores del envejecimiento: las células senescentes, también conocidas como “células zombi”. El compuesto responsable se llama procianidina C1 (PCC1), un polifenol raro que se encuentra de forma natural en las semillas de uva y la corteza de pino, y que la empresa china ha convertido en el ingrediente estrella de un suplemento llamado PCC1 Senolytic Complex.
Los datos preclínicos son llamativos. En ratones de edad avanzada, la administración intermitente de PCC1 aumentó la esperanza de vida media un 9,4 % cuando se inició tarde y hasta un 64,2 % cuando se comenzó desde el primer día de vida, según los resultados publicados por el equipo de Lonvi. Los animales tratados no solo vivieron más, sino que conservaron mayor movilidad, mejor resistencia al estrés y menor carga inflamatoria sistémica.
“Estamos ante el senolítico natural más potente identificado hasta la fecha”, asegura Lyu Qinghua, director tecnológico de Lonvi y uno de los investigadores principales. En declaraciones recogidas por esta redacción, Lyu no elude la pregunta más ambiciosa: “Si combinamos intervenciones como esta con los avances futuros en medicina regenerativa y edición génica, vivir 150 años con buena salud deja de ser ciencia ficción”.
De la semilla de uva al laboratorio
La procianidina C1 no es un fármaco sintético. Forma parte de la familia de los proantocianidinos, presentes en el vino tinto, el té verde y numerosos frutos rojos, y lleva décadas consumiéndose sin problemas de seguridad. Lo que distingue al PCC1 es su capacidad dosis-dependiente para actuar de dos formas distintas:
- A bajas concentraciones suprime el fenotipo secretor inflamatorio (SASP) de las células senescentes sin matarlas (efecto senomórfico).
- A dosis más altas induce su apoptosis selectiva, eliminándolas sin dañar las células sanas (efecto senolítico).
Esta doble acción quedó demostrada en cultivos celulares y en múltiples órganos de ratones: hígado, riñón, pulmón, piel y cerebro. A diferencia de los senolíticos clásicos como dasatinib + quercetina o navitoclax, que provocan efectos secundarios notables, el PCC1 no mostró toxicidad hematológica, inmunosupresión ni estrés cardiovascular en los modelos animales.
Primeras señales en humanos
Aunque aún no existen ensayos clínicos registrados en plataformas internacionales, Lonvi ha compartido un estudio preliminar abierto con 17 voluntarios de entre 50 y 86 años. Tras tres días consecutivos tomando tres cápsulas diarias del complejo PCC1, los participantes experimentaron reducciones medias del 46,9 % en el marcador de senescencia p21 y del 37,4 % en la actividad de SA-β-gal en células mononucleares de sangre periférica. Los niveles plasmáticos de citocinas inflamatorias (IL-6, IL-8) y factores SASP (VEGF, TGF-β1) también descendieron de forma significativa y sin que se registrara ningún efecto adverso.
El trabajo, actualmente en revisión por pares como preprint, es demasiado pequeño y carece de grupo placebo para sacar conclusiones definitivas, pero los investigadores lo consideran una prueba de concepto de que el efecto observado en ratones se traduce, al menos parcialmente, al ser humano.
Un producto ya en el mercado
Mientras la comunidad científica aguarda ensayos más amplios, el PCC1 Senolytic Complex (edición clínica 199) ya está disponible en la web de Lonvi (lonvibio.com) y en distribuidores seleccionados de Asia y Norteamérica. La posología recomendada es tres cápsulas diarias durante tres días consecutivos, repetidos cada mes. La empresa lo comercializa como suplemento dietético de grado farmacéutico, con tecnología fitosómica que multiplica su biodisponibilidad.
Expertos independientes consultados por este diario coinciden en que, aunque los datos preclínicos son sólidos y el perfil de seguridad parece excelente, la comunidad científica necesitará ensayos aleatorizados, doble ciego y con cientos de participantes antes de poder hablar de un “fármaco antienvejecimiento” validado.
“Es un candidato muy prometedor”, señala el Dr. James Kirkland, director del Centro Robert y Arlene Kogod de Envejecimiento de la Clínica Mayo (EE UU) y pionero mundial en senolíticos. “Los compuestos naturales como el PCC1 o la fisetina tienen la ventaja de décadas de consumo humano sin toxicidad. Si los ensayos clínicos confirman incluso una fracción de lo visto en ratones, estaríamos ante un cambio de paradigma”.
El largo camino hacia los 150 años
Lonvi Biosciences, fundada en 2021 y respaldada por inversores chinos y singapurenses, planea iniciar en 2026 un ensayo fase II con 300 participantes para evaluar efectos a medio plazo sobre inflamación crónica, función cognitiva y fragilidad. Paralelamente, la empresa colabora con instituciones académicas de Shanghái y Hong Kong para publicar los datos completos del estudio preliminar.
Por ahora, la procianidina C1 representa la frontera más avanzada de la gerociencia aplicada al consumidor: un compuesto ancestral, extraído de la humilde semilla de uva, que podría estar abriendo la puerta a una vejez radicalmente más larga y saludable. La ciencia dirá si la promesa china se cumple o si, una vez más, la longevidad extrema seguirá siendo territorio de la esperanza más que de la realidad.
Mientras tanto, en Shenzhen ya hay quienes toman tres cápsulas al mes con la vista puesta en el siglo XXII.
0 Comentarios
¿Cómo mejoras tu vida cada día? ¡Cuéntanos tu truco favorito o pregúntanos lo que quieras!